Alicia Gómez Jareño. La sierva de Dios

 

Biografía

La Sierva de Dios, Alicia Gómez Jareño, nació en las Pedroñeras, (Cuenca), el día 20 de junio de 1925. Recibió el Bautismos a los ocho días después de su nacimiento. Sus padres, Celestino y Alicia,  la educaron cristianamente.

Alicia niña

Desde la niñez se mostró bondadosa, humilde y sencilla, paciente y resignada, con entera disposición a ayudar a sus padres y hermanos en todo momento, siendo muy obediente. Vivió junto a sus padres, con gran fervor, la religiosidad popular, destacando la devoción a Jesús Sacramentado, al Corazón de Jesús y a la Virgen María. Con gran piedad recibió la Primera Comunión, dando señales de  una gran fe, esperanza y caridad.

Alicia joven

Amó intensamente a Jesús Sacramentado y a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Asitía con frecuencia a la Santa Mísa, recibiendo la Sagrada Comunión. Vivió la vida interior como víctima reparadora y cuidando con gran interés como víctima reparadora y cuidando con gran interés la vida de castidad. Como si del grano de mostaza se tratara. Alicia fue creciendo en santidad, que, al no sufrir crisis alternativas, hizo florecer en ella, en esa etapa de su vida, una gozosa intimidad, con el Señor y un celo apostólico como catequista y colaboradora parroquial en todos los campos. Siempre rezó por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales. Difundió las Obras Misionales Pontificias, sintiendo en su corazón la necesidad de pedir por las misiones y por los misioneros. Rezaba diariamente el santo Rosario.

Alicia estudiante

Desde muy temprana edad sintió la vocación docente. No obstante, callaba en su interior este deseo, tratando de evitar nuevos gastos a la familia. Un día sus padres le indicaron que podía estudiar, por lo que se llevó una gran alegría y así poder hacer la carrera de Magisterio, ya que la enseñanza era su gran vocación. Dios la llamaba a hacer apostolado en la escuela. Comenzó los estudios y, en cinco años, obtuvo los títulos de Bachiller y de Maestra de Primera Enseñanza. El Rvdo. Sr. D. Camilo Fernández de Lelis, profesor y director espiritual de la Escuela de Magisterio de Cuenca, la ayudó a elevarse en santidad. Su corazón ardía en amor a Dios y a sus semejantes. En este tiempo hizo el voto de castidad, vivió en gracia de Dios confesando frecuentemente y recibiendo diariamente la Sagrada Comunión, sin descuidar el servicio de ayuda y caridad con todos.

Alicia maestra

Pocos años desempeñó el magisterio, pero tuvo tiempo para dar testimonio por su entrega a la enseñanza y en el fiel cumplimiento de su deber, siendo ejemplo para todos los profesores. Continuaba su labor en la catequesis, y daba ánimos en todos los movimientos apostólicos de la parroquia. Si en la escuela la querían los alumnos, en la Iglesia la rodeaban junto al Sagrario, y durante la Santa Misa. Su corazón, lleno de amor al Señor, encendía los corazones de los niños y de los jóvenes. A ella acudían las personas las personas mayores en busca de ayuda, consejo y consuelo. A todos atendió acertadamente.

Alicia enferma

Varios años de penosa enfermedad llevaron a Alicia a la más alta santidad. Ofreció su vida al Señor con alegría y sencillez. En medio de grandes sufrimientos, se la veía gozar con la presencia del Señor. ¡Cómo se confesaba y cómo se demudaba su rostro cuando recibía la Sagrada Comunión! Durante la enfermedad fue un gran apóstol de la Eucaristía, de los Corazones de Jesús y de María y de las misiones.

Alicia muere santamente

Al fin, y en olor de santidad, el 10 de septiembre de 1965 falleció en Las Pedroñeras, después de confesarse y recibir el Santo Viático y la Unción de Enfermos.

La noticia de su muerte fue llegando a sus paisanos, los que decían y repetían: “Ha muerto Alicia, ha muerto una santa”.

Causa de beatificación

El día 21 de marzo de 2014, a las 12 de la mañana el sr. Obispo de Cuenca Mons. José María Yanguas Sanz, clausuró las fase diocesana de la vida, virtudes y fama de santidad de la Sierva de Dios Alicia Gómez Jareño.

El 25 de julio de 2014 se procedió a la apertura de las actas del proceso en la Congregación para las Causas de los Santos en la Santa Sede.

Se ruega a quienes crean haber recibido algún favor por su intercesión lo comuniquen al: Postulador de la “Causa Alicia Gómez Jareño”, Obispado de Cuenca, C/ Obispo Valero, 1; 16001 Cuenca (España).

Recomendaciones de Alicia a las maestras de Las Pedroñeras

“El secreto de la alegría está en el resorte de la esperanza. Hemos de ser cultivadoras de esperanza, hemos de hacer alegre el aula.

Imitemos al Maestro (Jesucristo) siguiendo su doctrina, sus pasos y sus ejemplos. Miremos el modo de trocar en alegría aún los dolores y penas.

Aceptemos los males y penas, con buena voluntad, como venidas de la mano de Dios con paciencia, que es cristiano falsificado quien piensa escalar el cielo sin llevar la Cruz de la penitencia. En el yunque de los males se labran las almas de los justos.

Que las alumnas, aprendan el gozo que produce el bien obrar, la tranquilidad de conciencia, la santidad, para que todas quieran ser buenas y santas”

Ejercicios Espirituales 16-18 marzo 2018

Este domingo día 18 de marzo ha terminado la segunda tanda de Ejercicios Espirituales de Familias con la visita de nuestro Obispo D. José María. Organizados por la Delegación de Familia y Vida, se han desarrollado durante todo el fin de semana bajo la dirección del Sacerdote diocesano de Ciudad Real D. Fernando García-Cano Lizcano y con el tema “La vida cristiana en familia como experiencia pascual” en un ambiente de convivencia familiar y recogimiento. Todas las familias han vuelto a casa fortalecidas para afrontar la Semana Santa con espíritu renovado .

Ejercicios Espirituales 9-11 marzo 2018

 

Este domingo día 11 de marzo ha terminado la primera tanda de Ejercicios Espirituales de Familias con la visita de nuestro Obispo D. José María. Organizados por la Delegación de Familia y Vida y con la asistencia de 65 personas, entre padres e hijos, se han desarrollado durante todo el fin de semana bajo la dirección del Sacerdote diocesano D. Anotnio Carbajo Porras y con el tema “Que todos sean uno para que el mundo crea” en un ambiente de convivencia familiar y recogimiento. Todas las familias han vuelto a casa renovadas y fortalecidas en su fe y su compromiso.

El próximo fin de semana tendrá lugar la segunda tanda en Villaconejos.

Participación en el EMF de Dublín

Desde el 22 al 26 de agosto una representación de la Delegación de Familia y Vida de Cuenca ha participado en el Encuentro Mundial de las Familias 2018 en Dublín bajo el lema “El Evangelio de la Familia, alegría para el mundo”. Durante estos días hemos compartido momentos y experiencias inolvidables junto con miles de familias procedentes de los cinco continentes. Entre el 22 y el 24 de agosto hemos tomado parte en la Royal Dublin Society en el Congreso Pastoral en el que, a la luz de la exhotación apostólica del Papa Francisco “Amoris Laetitita”, se ha profundizado en temas muy interesantes y enriquecedores como:

·         El papel que desempeña la tecnología en la Familia

·         El impacto del conflicto en las familias y en los niños

·         Construyendo un enfoque más sustentable en la economía, el trabajo y el medio ambiente.

·         La Fe y la familia

·         El rol de liderazgo de la mujer, a nivel global y local

·         El rol de la educación para mejorar el nivel económico de las familias y evitar que sucumban en la pobreza.

Durante los días siguientes hemos participado representando a nuestra Diócesis en los actos que han tenido como protagonista a nuestro Papa Francisco, que ha querido compartir fiesta y actos litúrgicos con los miles de familias venidos de todo el mundo.

El sábado 25 de agosto por la mañana asistimos a la misa de los españoles participantes en el Encuentro en la iglesia de la Inmaculada Concepción de los franciscanos junto con las demás diócesis.  El sábado por la tarde se ha celebrado el Festival de las Familias en el Croke Park, uno de los estadios más grandes de Europa, que se encontraba lleno a rebosar, En un ambiente festivo y de fe compartida se ha desarrollado una celebración de la vida familiar alrededor del mundo con espectáculos de música y danza de una gran belleza y emotividad, así como también el testimonio de fe de cinco familias elegidas de diferentes partes del mundo.

El Papa en su mensaje nos insistió en bautizar a los niños lo antes posible y nos transmitió que “Dios quiere que cada familia sea un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo”, manifestando a través de pequeños gestos de bondad en la rutina cotidiana ese amor de Dios. Volvió a recordarnos la necesidad de que en nuestras familias utilicemos con frecuencia estas tres palabras. “perdón, por favor y gracias”, “cuando las familias lo hacen, sobreviven”. También destacó que “una sociedad que no valora a los abuelos es una sociedad sin futuro”.

Fue una velada entrañable, llena de simbolismo y con participación de todos los ámbitos de la comunidad católica irlandesa. Todos salimos emocionados e impresionados con lo que habíamos vivido.

Al día siguiente, domingo 26, se celebró la Misa de Clausura en el Phoenix Park, el parque más grande de Europa, presidida por el Papa Francisco ante más de 500.000 personas de todas las edades y de familias de todo el mundo. En ella tuvieron la suerte de concelebrar nuestros dos sacerdotes.

En un ambiente de devoción y oración, con una participación multicolor, el Papa nos invitó a convertirnos en fuente de ánimo para los demás, para compartir con ellos las palabras de vida eterna de Jesús, y que “no nos dejemos influenciar o desanimar jamás ante la mirada fría de la indiferencia o los vientos borrascosos de la hostilidad”.

Por último, el Papa anunció que el próximo Encuentro será en Roma en 2021 invitándonos a participar en él. Todos los que allí estábamos manifestamos nuestra ilusión de volver a vivir esta experiencia inolvidable dentro de 3 años y volvimos a Cuenca enriquecidos por todo lo vivido y compartido en estos días y decididos a promover la participación de más familias en el próximo Encuentro Mundial.

Jesús Valencia Martínez

 

Párroco de Santa María del Campo Rus

Nació el día 5 de mayo de 1884 en San Lorenzo de la Parrilla. Murió asesinado el día 1 de agosto de 1936 a las dos de la mañana. Padres: Mariano y Basilisa. Hermanos: Lucrecia, María, Ángela, Ramón y Margarita. 

  Desde muy niño demostró su vocación sacerdotal, cuyos estudios siguió en el Seminario con gran aprovechamiento. Fue ordenado Diácono el día 19 de diciembre de 1908 y Prebítero el día 5 de junio de 1909. Ambas ordenaciones tuvieron lugar en la S.I.C.B de Cuenca de manos de Mons. Wenceslao Sangüesa. Se distinguió por el celo y cariño que demostraba por su iglesia y sus feligreses, así como por ser hombre de oración, preparación en sus predicaciones y catequesis y atención a enfermos y necesitados. Todo ello en la parroquia de Santa María del Campo Rus donde vivía con su hermana. 

Detenido el día 31 de julio de 1936 fue cruelmente ultrajado y maltratado, intimándole para que renegara de la fe, a lo cual contestó: “Yo, ante todo, soy ministro de Jesucristo…” A las dos de la mañana del día 1 de agosto, tras pasar un día en la prisión del pueblo “le mandaron se fuera a su casa y a la salida de la cárcel le dispararon dos tiros, quedando muerto en el acto”. Luego arrastraron su cadáver dejando los sesos pegados a los guijarros de la calle. El único pretexto alegado para su muerte fue su carácter sacerdotal y su afirmación rotunda del mismo y de la fe cristiana.

El Pan de la Palabra – Domingo VI del Tiempo Ordinario

Querid@s amig@s:

 

Con este domingo VI del Tiempo Ordinario llegamos a las puertas de la Cuaresma, tiempo fuerte que nos ofrece el Señor para convertirnos, para cambiar nuestra mentalidad. Precisamente es lo que nos pedía Jesús hace unos domingos en el comienzo de su actividad pública en el evangelio de Marcos: “El tiempo se ha cumplido. El Reino de Dios está viniendo. Convertíos y creed en el Evangelio”. El texto evangélico de este domingo nos muestra hasta qué punto poder aceptar a Jesús, en su persona y en sus acciones, requiere de nosotros un cambio profundo tal y como lo pidió a aquellos que lo contemplaron actuar.

Para comprender el significado y las repercusiones de los gestos de Jesús que hoy nos pueden parecer loables (acercarse a un enfermo de sida, hoy podríamos decir de ébola), nos puede ayudar la primera lectura. En el libro del Levítico se establecen las pautas de actuación ante los casos de lepra. el leproso suponía una amenaza para la integridad de una comunidad humana. Para evitar el contagio, se tomaban medidas como las que narra el libro del Levítico: el enfermo en la piel que termina siendo leproso es declarado impuro (no puede participar en la vida social ni en el culto ante Dios) y es expulsado, para evitar que contamine al resto. Enfermo y solo, abandonado de todos, viendo en el campo, sin arreglarse ni cuidarse, y gritando, a modo de recordatorio para sí mismo y para quienes pasen por el campo: “¡Impuro, impuro!”. 

Pues bien, con uno de estos leprosos condenados a la soledad ante su enfermedad y frente a sus familiares, amigos y vecinos, Jesús rompe todas esas barreras que le han puesto los suyos. El leproso era un rechazo por los hombres y un rechazado por Dios (era el sacerdote el que dictaminaba su impureza, tal como hemos visto en la primera lectura). Jesús viene a traer y a anunciar el reino de Dios también y especialmente a los que se ven aplastados por el mal, la insolidaridad de los demás, la marginación. Jesús se indigna frente al mal que sufren los hombres y no le importa traspasar y eliminar esas fronteras que marginan y separan. Para el Dios de Jesús y en su reino no hay separación entre buenos y malos, puros e impuros, y eso lo muestra Jesús con sus gestos y comportamientos, traspasando esas fronteras que muchas veces son culturales, mentales, sociales (signo de miedo y de egoísmo) y tendiendo la mano a quienes se encuentran solos en el otro lado: “¡Quiero, queda limpio!”. ¡Qué sentiría ese leproso al que nadie ha tocado desde hace tanto tiempo, él que lleva tanto tiempo sin sentir la voz amiga, el contacto fraterno, el roce humano! Es fácil imaginar el estremecimiento que experimentaría en su cuerpo al ver y sentir la mano de Jesús tocándolo con tanto cariño. La mano tendida de Jesús convierte al marginado y expulsado de la comunidad humana y religiosa en hermano e hijo de Dios amado. Y para que conste lo manda ante el sacerdote para que certifique su sanación. Tras estos gestos de Jesús que anuncia un reino de Dios que está en acción se puede entrever un rostro de Dios muy diferente al que ofrecen las autoridades religiosas del tiempo de Jesús, los hombres que en nombre de Dios habían condenado a ese leproso a la soledad y la marginación. ¡Y este Dios anunciado por Jesús para poder ser aceptado requiere conversión, cambio!. ¡Cuántas fronteras hoy levantamos, cuantos muros que marginan y separan, y siempre amparados en nuestros miedos y egoísmos! Y nosotros, seguidores de este Jesús, ¿estamos dispuestos a cruzar fronteras, a traspasar esos límites que nos atenazan y que marginan a tantos hombres y mujeres en este mundo y en nuestra sociedad? Jesús no tuvo miedo de ensuciarse, de contagiarse, al ir más allá de lo establecido (Levítico) y tocar a esa persona.

Nos choca que Jesús mande callar. Él no busca el espectáculo ni el aplauso fácil. Busca la sanación del leproso, la restitución de su dignidad de persona. 

Haciendo caso a las palabras que Pablo dirige a los cristianos de Corinto, aunque en un contexto diferente: ¡sigamos el ejemplo de Cristo! Pidámosle este domingo, a la luz de la oración colecta, que toque nuestro corazón y lo limpie, y se quede en él, ya que se complace “en habitar en los limpios y sencillos de corazón”.


¡¡¡Feliz domingo a todo@s!!!

Servicio Bíblico Diocesano

Petronilo Vicente Vélez

Cuerpo de Capellanes de Prisiones

 

 

Había nacido en Portalrubio de Guadamejud el 31 de mayo de 1872. Sus padres eran Pablo Vicente Saiz y Mauricia Vélez Mateo. Sus hermanos Leandro y Martina. De 1882 a 1895 estudió en el Seminario de Cuenca hasta que el 30 de marzo de 1895 fue ordenado de sacerdote. El día 1 de julio de 1897 tomó posesión de la parroquia de Moncalvillo y el 18 de febrero siguiente ingresó, por oposición, en el Cuerpo de Capellanes de Prisiones, desempeñando su cargo sucesivamente en Gerona, Tarragona, Chinchilla y, finalmente, desde el 6 de marzo de 1912, en Cuenca, donde la República lo dejó cesante el 31 de agosto de 1931. 

  Don Petronilo fue un sacerdote celosísimo, ejemplar, muy culto y estudioso. 

En el desempeño de su ministerio sacerdotal resplandecieron siempre las virtudes de que el alma de D. Petronilo estaba ricamente adornada. Fue celoso e infatigable en la enseñanza de la doctrina cristiana en las parroquias y en las cárceles. Su misericordia y su caridad con los pobres y los reclusos no tenía límites: daba todo lo que tenía, hacía cuantos favores estaban a su alcance y vertía su corazón entero hasta en los casos de la mayor abyección humana. Bondadoso y apacible por el domino de su carácter, su paciencia no se agotaba ni se alteraba. La piedad sacerdotal y las virtudes eran en este sacerdote el fruto de la gracia divina y de la educación recibida en el hogar de subvenidita madre, cuya memoria siempre veneró con gran fervor, mas también eran fruto de su esfuerzo personal constante. 

En sus sermones y conversaciones con los reclusos tendía siempre a regenerar sus almas y a santificar sus dolores con la caridad y la gracia. En un sermón dijo textualmente estas hermosas palabras: “Yo, sacerdote de Dios, venido a las prisiones, os amo con el amor de la Divina Misericordia, que a ellas me trajo para derramar en estas casas los consuelos de la fe católica. No puedo desatar las opresoras ligaduras de la justicia humana que aquí os retienen, aunque sí convertirlas en fruto de contrición y de virtudes. El “ric-rac” de esos cerrojos me estremece, y al Señor ofrezco cuanto sufrís, y me espanta la sola idea de que a la cautividad unáis, ¡infelices!, la escasez de ideas religiosas…”. 

Don Petronilo era un buen sociólogo, quien desde su juventud se dio cuenta de los males históricos de su época y de la dificultad de aplicar remedios eficaces. La predicación, la catequesis, la prensa, el apostolado individual, todo debía ser empleado por todos en la lucha contra el liberalismo, calificado por él como el mayor mal de la Historia y la herejía más funesta de todos los tiempos. Contra el liberalismo empuñó su bien tajada pluma, la cual, con estilo sencillo y brillante a la vez, publicó en Barcelona, el año 1906, un interesante folleto titulado “Realidades” que descubre su alma, su cultura, su amor a la Iglesia y su inmenso patriotismo, como aparece ya en las siguientes palabras de la dedicatoria: “Estamos en los tiempos de las persecuciones. La Iglesia española sufre. Yo, el último de sus sacerdotes, lloro las desdichas de mi patria y salgo a la lid, en defensa suya, contra los enemigos de Dios.” Por su interés, creemos conveniente transcribir las siguientes líneas con que termina el folleto citado y alabado: “Cuando la piedad de mi prelado me invistió las sagradas órdenes, recordé, de rodillas ante Dios, las primeras palabras que oí de mi amorosa y bendita madre: ¡Hijo mío! Sé muy bueno, que la Virgen te querrá mucho. Y aquella buena mujer signó mi frente con la señal del cristiano, la Santa Cruz. “Por fortuna, no olvidé jamás que la Cruz era mi destino. Y a la Cruz me debo, que si mi madre, desde la bienaventuranza beatífica, mis palabras oye, yo la digo desde lo más recóndito de mi corazón: ¡Madre mía! Soy sacerdote; la Cruz, cuyo signo hermoso sellaste santísimas veces en la frente de este hijo tuyo, sobre mi pecho se descubre; si por ella y en ella hubiere de perder la vida temporal, ofrezco a Dios el sacrificio de mi vida. Tú me enseñaste a ser cristiano, y en defensa de Dios y de su Iglesia santa publico “Realidades”, porque realidad muy triste es que los tiempos del Gólgota se aproximan, y yo quisiera morir abrazado a la Cruz de mi Señor”. 

Y Dios le concedió en la vejez, después de una vida llena de méritos, la muerte gloriosa del martirio. Al estallar la Guerra Civil española estaba don Petronilo en Cuenca, de donde marchó a su pueblo natal el día 29 de julio de 1936 creyendo que allí, con su familia, estaría más seguro y podría esconderse con más facilidad. Antes de salir de Cuenca escribió en el manuscrito de un libro también titulado “Realidades” estas palabras que indican su presentimiento de una muerte próxima: “Termino, lectores, invitándoos a que en estos días calamitosos ofrezcamos nuestra vida a Dios por la salvación de nuestra querida Patria. A. M. D. G.”: a mayor gloria de Dios. 

Refugiado en Portalrubio de Guadamejud (Cuenca), sus familiares lo escondieron en un lugar donde sólo tenía el libro de rezo y un crucifijo, pasando los días resignado y contento con la voluntad divina en la oración y unión con Dios. Allí supo que los rojos habían asaltado la iglesia del pueblo, tiroteando el altar mayor, quemando todos los altares e imágenes y saliendo luego por la calle revestidos sacrílegamente con los ornamentos sagrados. Allí oraba por España y se preparaba para el martirio, que esperaba con mucha seguridad. “No hay más remedio—decía—que resignarse y aceptar al muerte que Dios nos envíe”. Un día salió del escondite a la habitación y contó que había tenido una visión: “En la pared de enfrente veía un rostro como el de Cristo Rey, y debajo, alrededor, mártires como los de Zaragoza… Y en la frente de uno de ellos había dos agujeros como de dos tiros… Y digo yo: ¿Si seré yo ese?…” 

De Huete y Tarancón fueron unos treinta milicianos armados de fusiles y con gran estruendo a registrar la casa donde estaba oculto. Allí dispararon muchos tiros para atemorizar a los familiares y evitar que nadie se defendiera. Al encontrarlo, a eso de las diez de la mañana, con su libro y el crucifijo resignado y sereno, redoblaron los milicianos “los tiros, las blasfemias y los rugidos por su triunfo”. Y allí mismo ataron con una cuerda las manos a D. Petronilo a quien maltrataron de obra y de palabra sin cesar ya hasta el momento de su muerte. 

Las doce horas que pasaron entre la prisión y la muerte le hicieron sufrir un martirio horrible. En un momento de sed devoradora pidió un vaso de agua y le respondieron: “Gasolina te vamos a dar”; y le echaron un vaso de vino por la cabeza, pero en todo el día no le dieron una gota de agua. Le pusieron en la cabeza un sombrero por burla y lo llevaron descalzo a todas partes; entre blasfemia se insultos le daban vergajos y bofetadas; en las yemas de los dedos, entre uña y carne le clavaban alfileres… Cuando lo llevaban al campo para asesinarle, un miliciano iba delante ladrando como un perro y de vez en cuando retrocedía corriendo y se echaba encima del anciano sacerdote mártir; y también entonces los otros milicianos redoblaban sus escarnios, sus blasfemias e insultos. Le hicieron subir por una cuesta a fuerza de golpes aunque por los sufrimientos y la vejez iba ya medio muerto, cubierto del sudor de la agonía, lleno de heridas, sin comer ni beber, después de un día de tormentos indecibles.Por el camino les decía que les perdonaba, pero ellos se enfurecían más y de nuevo le maltrataban. “Yo en política no me he metido; pero católico soy y así muero”. Querían los milicianos que blasfemara y él respondía: “Yo eso nunca lo hice y antes quiero morir que hacerlo”. Le mandaban cantar canciones deshonestas y replicaba: “Yo no sé esas cosas”. Por fin le dijeron que se cantar el entierro, y cantándose el Miserere y algunas antífonas de las Exequias llegó al lugar elegido por los milicianos para su muerte. Allí le mandaron ponerse de rodillas; él obedeció y dijo de nuevo que les perdonaba todo el mal que le habían hecho. Y mientras así halaba recibió diecisiete tiros y diez puñaladas. Después de muerte, un miliciano le disparó en la frente dos tiros cuyos agujeros se destacaban notablemente como había visto en la oración y llamaron mucho la atención de todos. En el lugar del martirio quedó una mancha de sangre que no desaparecía. 

Murió asesinado el día 31 de agosto de 1936 a las diez y media de la noche en el término de Villalba del Rey.

El Pan de la Palabra – Domingo V del Tiempo Ordinario

Querid@s herman@s:

 

El evangelio de este domingo completa la jornada de Jesús en Cafarnaún. Un día muy intenso. Si el día pasado lo contemplábamos en la sinagoga, curando a un endemoniado y enseñando con una autoridad inaudita, hoy lo podemos ver en una casa, donde las relaciones son más intensas, más íntimas, más familiares. Jesús entra en la casa de la familia de Pedro, donde su suegra está postrada en la cama por fiebre. La enfermedad es una experiencia que trastorna todas las relaciones personales y al enfermo le lleva a experimentar la fragilidad y las limitaciones propias de la condición humana. 

Precisamente la primera lectura del libro de Job retrata la situación de sufrimiento y desgracia de su protagonista. Job ha experimentado en su propia carne la enfermedad, lo que lo lleva a reflexionar sobre la condición humana, sobre las preguntas últimas. Y su situación de enfermedad, que no le deja dormir (“me harto de dar vueltas hasta el alba”) le lleva a concluir que sus días vuelan como el viento sin esperar nada, cabalgando hacia la muerte (“mis ojos no verán más la dicha”). Si echamos un vistazo al contexto en que surgen estas palabras de Job, vemos que ante Job se presentan sus amigos movidos por la amistad. Ellos entablan un diálogo que, en lugar de tratar de ayudar y consolar a Job, lo enervan más, puesto que reflejan un dios que no tiene nada que ver con el Dios en el que Job cree. Es un dios distante, insensible ante el dolor de los seres humanos, impasible…

En este contexto podemos comprender mejor el evangelio de este día. Jesús está anunciando que Dios viene a reinar y lo hace con palabras llenas de autoridad como en la sinagoga de Cafarnaún, pero sobre todo lo hace con gestos de cercanía y solidaridad como lo hace hoy con la suegra de Pedro. Si los amigos de Job, supuestamente en nombre de Dios, consiguieron cabrear a Job hasta el punto de volverse contra Dios, Jesús, en nombre de Dios, se acerca a esta mujer enferma, la toma de la mano y la reincorpora. Y ella responde como hace aquel que se sabe sanado por Dios: se da a los otros. La suegra de Pedro “se puso a servirles”. El servicio es una de las actitudes que Jesús pide a sus discípulos y que él encarna hasta el final (Mc 10,43s: “El que quiera ser grande, que se haga servidor vuestro, y el que quiera ser el primero, sea servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”). Ella, reinsertada en la vida familiar, recuperada de su aislamiento, vive esta actitud que Jesús pide a sus discípulos, camino de Jerusalén, cuando los hijos del Zebedeo se afanen por ocupar los mejores puestos en el reino. La suegra de Pedro, gracias a Jesús y a sus sencillos gestos de cercanía, ha descubierto el reino de Dios y su lógica,… y se ha puesto a servir. 

El evangelio de este domingo nos muestra un dato muy importante que marca la vida de Jesús. Toda su actividad, a veces frenética, se alimenta de una relación íntima con su Padre Dios. En medio de su actividad, Jesús encuentra un tiempo imprescindible para alimentarse de la verdadera fuente de sus palabras y gestos, Dios, misterio de amor.

Jesús, urgido por la necesidad (“todo el mundo te busca”) recorrió toda Galilea, predicando el reino de Dios. Tal como nos narra el mismo Pablo en la carta a los Corintios, él tampoco pudo callarse la buena noticia de Jesucristo, muerto en cruz y resucitado de entre los muertos. Ése es el Evangelio que él predicó a tiempo y a destiempo, con su palabra y con su propia vida, haciéndose cercano como Jesús con la suegra de Pedro (“me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles; me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar a algunos”).

Que la celebración de este domingo nos ayude a descubrir en qué ambientes y cómo debemos hacer hoy creíble el Evangelio de Jesús, el Reino de Dios. Que, nosotros, sanados por Jesús y su palabra, vivamos desde la misma actitud de servicio que la suegra de Pedro.

 

¡Feliz domingo a todo@s!

El Pan de la Palabra – Domingo III de Pascua

Querid@s amig@s:

 

El Equipo “Quiero ver” cuelga todas las semanas un video en la página web de la Editorial Verbo Divino para explicar así el mensaje del Evangelio de ese domingo. Esta semana el vídeo se titula “Libertad y vida” y termina con tres frases que nos pueden ayudar a sumergirnos en la experiencia de la Resurrección, en la experiencia de la Pascua, ya que es la experiencia propiamente cristiana (http://www.verbodivino.es/web/vid2/año%202015/Libertad%20y%20vida.mp4):

+ Creer en el Resucitado hace que la vida desborde los límites en que la encajonamos.

+ Creer en el Resucitado salta las barreras en que nuestra confianza la había encajonado.

+ Creer en el Resucitado rompe los diques de nuestra experiencia limitada.

Esto es lo que experimentaron los primeros discípulos y por eso no se cansarán de anunciarlo a los cuatro vientos, para que ese anuncio llegase lo más lejos posible y a cuanta más gente mejor. Por esa razón ha llegado hasta nosotros.

 

Las tres lecturas de hoy comparten elementos en común que pueden hacernos descubrir lo que la muerte y resurrección de Jesús aporta a nuestras vidas, ese desbordamiento, esa superación de las barreras y esa ruptura de los diques que tanto nos cuesta superar. 

 

Pedro toma la palabra en el libro de los Hechos de los Apóstoles para proclamar con valentía la resurrección de Jesús. Habla con convicción porque él sabe que el Dios de Jesucristo, que es el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de los padres, el Dios de Israel, ha librado a Pedro de sus miedos, de sus pecados. Pedro ha experimentado la conversión como un regalo del Jesús resucitado. El Pedro cobarde, negador, se siente perdonado, rehabilitado, amado sin condiciones, llamado por el Señor de la Vida a sembrar el Evangelio de la Resurrección. Un anuncio sin rencor, pero con claridad: “Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, par Dios lo ha resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos”. Ser testigos del Resucitado es anunciar la posibilidad de la novedad, de la reconciliación, del perdón: “arrepentíos y convertíos”. El salmista, que nos ayuda a profundizar en la primera lectura, ha experimentado al igual que Pedro la luz del rostro del Señor, un Dios que lo ha escuchado y le ha dado anchura en el aprieto. Por eso puede decir que duerme en paz, porque el Señor, Él solo, le hace vivir tranquilo.

 

El presbítero Juan en su primera carta anuncia el Evangelio del perdón: Jesús ha sido la “víctima de propiciación por nuestros pecados”. Juan presenta a Jesús como el Justo, al igual que Pedro en su discurso de Hechos. La muerte del Justo por los pecadores ha mostrado el verdadero rostro de Dios, un Dios que es amor cuyo amor nos ha llegado a todos por medio del Hijo, el Justo, el Inocente. Él sólo nos ha pedido que guardemos su palabra, el mandamiento del amor.

 

El evangelista Lucas ofrece la descripción de la vuelta de los discípulos de Emaús a Jerusalén junto a los Once. Ellos son una viva muestra del milagro que obra la buena noticia de la Resurrección. Los mismos que se alejaban desilusionados, tristes, desesperanzados vuelven ahora a la comunidad para comunicar con gozo su nueva experiencia de Jesús. Dice el evangelista que contaban “cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan”. Es la Eucaristía y el compartir la mesa con el forastero lo que les ha abierto a esta nueva realidad de la Resurrección. En el fondo, han hecho lo mismo que Jesús durante su vida: compartir el camino de la vida y la mesa del pan con un desconocido. Haciendo lo mismo que su Maestro Jesús han podido experimentar la certeza de la resurrección. La Palabra de los Moisés, los Profetas y los otros Escritos les había abierto el entendimiento para comprender la nueva presencia de Jesús: “¿Acaso no nos ardía el corazón por el camino mientras nos explicaba las Escrituras?”. 

Ahora sucederá lo mismo. Jesús, con las señales de la cruz, es decir el Crucificado, comparte con ellos la mesa (“cada vez que comemos de este pan y bebemos de este vino anunciamos su muerte hasta que vuelva”), y les abre el entendimiento para comprender las Escrituras. Son las palabras de Jesús y su vida hasta la muerte en cruz y su resurrección (“Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse”) las que permiten descubrir la salvación que Dios por medio de Jesús ha traído a todos: la conversión y el perdón de los pecados. 

 

El Resucitado termina el evangelio diciendo: “Vosotros sois testigos de esto”. Pedro junto a los otros discípulos decía: “y nosotros somos testigos”. ¿Y tú, y yo, y nosotros como cristianos? ¿Somos testigos de la conversión y del perdón de los pecados? ¿Nos sentimos perdonados por Dios al precio de la sangre de Jesucristo, de su vida entregada totalmente? ¿Somos testigos de la conversión dando a los de alrededor la oportunidad de cambiar, perdonando, es decir, trabajando con esperanza y compromiso en la construcción de un mundo, de una sociedad, de una familia unida?

 

Que todos nosotros, como dice la oración colecta de hoy, exultemos de alegría y de gozo al vernos renovados y rejuvenecidos en el espíritu sabiendo que somos hijos de Dios por adopción que vivimos con la esperanza de resucitar gloriosamente como Jesús.

 

¡¡¡Feliz domingo a todo@s!!!

Servicio Bíblico Diocesano

Comentario a la Palabra de Dios del domingo desde el Servicio Bíblico Diocesano

El Servicio Bíblico Diocesano pone en marcha esta nueva sección dedicada a la Palabra de Dios del domingo. Cada domingo o fiesta grande colgará un comentario a las lecturas que propone la liturgia dominical. Junto a este comentario propio, ofrecerá la posibilidad de descargar un comentario al Evangelio hecho por Enzo Bianchi,monje italiano de la Comunidad de Bose. La foto que encabeza esta noticia muestra los restos arqueológicos de la sinagoga de Cafarnaún hoy día. Hoy la sinagoga de Cafarnaún es cada una de nuestras parroquias donde nos reunimos para alimentarnos del Pan de Vida que se nos ofrece en la Mesa de la Palabra y en la Mesa de la Eucaristía.

Esperamos que estos comentarios sirvan de ayuda para vivir mejor la liturgia del domingo junto a los hermanos de comunidad o parroquia y para comprender más profundamente la Palabra que Dios nos dirige hoy.