Querid@s amig@s:

 

 

Nos disponemos a comenzar la semana grande de los cristianos. Días de intensidad, días de pasión, días de celebrar los misterios centrales de nuestra fe. Entrar en la semana de Pasión significa meternos en un gran teatro del mundo y de la vida. Hoy, domingo de Ramos, se nos presenta por anticipado de la mano del evangelista Marcos lo que iremos desgranando y viviendo durante toda esta semana. En la Pasión de Jesús aparecen todos los tipos de hombres y mujeres que hoy pueden vivir en nuestros entornos; en la Pasión de Jesús se desvela lo profundo y, al tiempo, lo dramático y trágico de la vida. De ahí que todas las celebraciones litúrgicas así como todos los actos de piedad (procesiones, via crucis, horas santas...) puedan servirnos de ayuda para entrar en el meollo de la pasión de Jesús. Si sucede esto, entonces habremos logrado descubrir también el meollo de la vida, y ya sólo podremos vivir  como Jesús, apasionadamente, y sólo podremos tratar de amar como él, hasta el extremo.

 

En la Pasión de Jesús se descubren todas las pasiones, las buenas y las malas. Se descubre en primer lugar, la pasión de Dios por la humanidad, que entrega lo que más quiere, a su propio y único Hijo, para que todos puedan tener vida y vida abundante, de calidad, vida llena de sentido, de amor. Se revela la pasión de Jesús, el Hijo que sólo ha vivido para hacer la voluntad de su Padre. Su Padre Dios ha querido mostrar su amor a los hombres y mujeres y Jesús ha sido el encargado de ello. La pasión de Dios es pasión de amor, un amor vivido hasta la consumación, hasta el final, hasta el extremo. Nos encontramos con la pasión de muchos hombres y mujeres: 

+ la pasión de los poderosos (Pilato, Caifás, Anás...), llenos de bajas pasiones que les llevan a quitar de el medio al inocente con el único fin de mantener o aumentar su poder (unos lo hacen en nombre de Dios, otros en el del emperador de turno); 

+ la pasión de los amigos de Jesús, sus discípulos, confundidos en su entusiasmo por los acontecimientos que se desencadenan contra Jesús. En un primer momento abandonarán al Maestro, pero al final, gracias a la resurrección, podrán abrir sus ojos a la verdad de Jesús (gana la vida el que la pierde, el que vive desde el servicio, el que ama hasta el extremo, el generoso, el humilde...);

+ la pasión de la gente que contempla desde lejos todo lo que sucede y que no genera gran cosa. Hombre y mujeres que viven la vida siendo manejados por los poderosos de turno, por las modas, las tendencias y que se dejan llevar con facilidad. Gente que no termina de captar en profundidad nada de lo que sucede en la pasión de Jesús. Gente que acude al teatro como mero espectador y que no saborea el gusto de vivir la vida implicándose en ella, viviéndola con pasión;

+ la pasión de algunas personas, pocas como siempre, que han descubierto lo que Jesús trae consigo; es la pasión, por ejemplo, de esa mujer sin nombre que unge  Jesús con un perfume carísimo de nardo al inicio de la pasión; una mujer apasionada, que ama con todo y sin hacer el más mínimo cálculo, su amor es un amor extremado y manirroto, como el del Maestro. Es la pasión de Simón de Cirene que ayuda, obligado, a llevar la cruz a un desconocido para él. Estas personas son las que, como Jesús, le ponen la salsa a la vida.

 

Que no nos quedemos en meros espectadores durante estos próximos días, que nos atrevamos a meternos en la piel de Simón de Cirene, de los discípulos, de la mujer sin nombre y comencemos a ver la verdad que revela la pasión de Jesús, nuestro Maestro y Señor, para que hagamos de nuestra vida una vida apasionada como la suya.

 

¡¡¡Que tengáis una semana intensa e inolvidable!!!

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