San Juan del Castillo

San Juan del Castillo

 

Belmonte (Cuenca), 14.IX.1596 – Ijuí, Rio Grande do Sul (Brasil), 17.XI.1628. Misionero jesuita en las reducciones del Paraguay, santo.

 Había nacido en una numerosa familia de notables, siendo el mayor de diez hermanos. Su padre, Alonso del Castillo, era regidor de su villa natal. Sus estudios de humanidades los pudo iniciar en el colegio de la Compañía que, en Belmonte, había establecido Francisco de Borja en 1558. Su formación superior comenzó en la facultad de Leyes de la Universidad complutense de Alcalá. Había cursado un año cuando entró en la Compañía, en Madrid, en marzo de 1614, cuando apenas contaba con dieciocho años.

En el transcurso de sus estudios de filosofía, en el colegio de Huete, fue enviado a la provincia del Paraguay. Había pasado por aquella casa el procurador de esa provincia de Indias, el padre Juan de Viana, “ponderando la abundancia de mies, de las almas, de las penalidades y fatigas de los misioneros y del martirio cierto”. Juan del Castillo era todavía hermano jesuita, pero tenía claro que como misionero encontraría “mayor pobreza, fatigas y trabajos apostólicos”. Salía desde Lisboa, el 4 de noviembre de 1616, en la expedición del mencionado procurador, acompañado del que habría de convertirse en su compañero de martirio, el zamorano Alonso Rodríguez.

Alcanzaban Buenos Aires a mediados de febrero de 1617. Concluyó sus estudios filosóficos en el colegio de Córdoba de Tucumán, pasando después como maestro de gramática al de Concepción de Chile, donde permaneció entre 1619 y 1622.

De nuevo, volvió a Córdoba para la realización de los estudios de teología, siendo enviado a las reducciones de Paraguay en 1626. Había recibido la conveniente formación en lengua indígena, el guaraní, conocimientos necesarios si quería ser útil en las misiones de estos indios. Antes de partir a su nuevo destino fue ordenado sacerdote, el 16 de diciembre de 1625. En una carta que escribe a su padre, manifiesta con claridad los riesgos que corre con el trabajo encomendado: “subiré a las misiones del Paraguay a trabaxar y morir entre aquellos indios de donde daré a vuestra merced, relación larga de cómo me fuere por allá […] Saldré de aquí el 13 de junio para esta empresa de pelear con indios gentiles, donde se ofrecerán muchas ocasiones de larga paciencia”.

Comenzó sus ministerios en San Nicolás, en la serranía del Tape y a las orillas del río Piratiní. Dos años después conformaba junto con el mencionado Alonso Rodríguez y Roque González, uno de los jesuitas más importantes de la primera época de estas reducciones, el grupo que habría de establecer dos nuevas reducciones en la banda oriental del río Uruguay. La de Nuestra Señora de la Asunción se fundó en Ijuí el 15 de agosto de 1628, quedándose en ella Juan del Castillo. Había congregado a cuatrocientos indios. Sus compañeros prosiguieron para fundar en Caaró la de Todos los Santos. Sin embargo, Ñezú, el hechicero y cacique de Ijuí se opuso a los misioneros, pues éstos denunciaban sus comportamientos poligámicos y, sobre todo, porque reducían sus niveles de influencia sobre la población.

Su intención era eliminar a seis de ellos, pero al final solamente pudo alcanzar a tres. En Caaró fueron asesinados Roque González y Alonso Rodríguez el 15 de noviembre, mientras que dos días después Juan del Castillo fue atacado por los hombres del mencionado Ñezú. Fuera de la población, su cuerpo fue golpeado con mazas de piedra y su cuerpo fue quemado.

Algunos indios cristianos condujeron a Candelaria algunos de los restos de los “Santos Mártires”, siendo recibidas las reliquias con muestras de fiestas, júbilo y repique de campanas, todo ello enmarcado en una misa solemne y sermón.

Relaciones de lo acontecido las remitió el capitán Manuel Cabral al gobernador de Buenos Aires, Francisco de Céspedes, así como la que realizó el provincial de Paraguay, Francisco Trujillo Vázquez. Fue el padre Francisco Crespo el que imprimió el relato del martirio de estos tres jesuitas, interesándose otros autores de la Compañía sobre ellos. Juan Eusebio Nieremberg no solamente lo incluyó en sus Varones Ilustres, sino que también escribió una “Historia Panegírica Latina destos mismos Mártires”, impresa en 1631.

Pío XI lo beatificó junto a sus dos compañeros el 28 de enero de 1934 y Juan Pablo II los canonizó el 16 de mayo de 1988.

Cfr: https://dbe.rah.es/biografias/14645/san-juan-del-castillo

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